4/12/2007

EL PLAN TRANSANTIAGO Y SUS REPERCUSIONES EN LA VIDA DE LA CIUDADANIA. CRISIS DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA



“Al igual que con el sistema previsional, siempre paga el fisco,-siempre paga Moya-; este se hará cargo de todo, nadie quebrará y el Estado gastará en 5 y 10 jarrones del tipo Inverlink, sólo este año”

10 de Abril de 2007

El Plan Transantiago es la demostración más evidente de una forma completamente errónea de planificar y colocar en aplicación una reforma importante en la capital del país. Es sabido que las autoridades han expresado reiteradamente que el Plan Transantiago tenía por finalidad mejorar sustancialmente la calidad de vida de los habitantes del país, para cuyos efectos, durante bastante tiempo se estudió la materia y se planificaron las políticas que el Estado iba a colocar en aplicación coercitivamente en toda la ciudad de Santiago. Tan pronto llegó el 10 de febrero de 2007, con bastante publicidad, pese a que nos encontrábamos en verano, Santiago fue conmovido por el impacto inicial del nuevo transporte. Los primeros inconvenientes, y que fueron bastantes, iban a ser pronto solucionados. Así lo dijeron las autoridades, incluyendo el vocero oficial. Había que esperar la llegada del mes de Marzo y todo estaría solucionado rápidamente. Llegó el mes de marzo, ingresaron los estudiantes a sus establecimientos, regresaron los veraneantes y se produce el colapso en el transporte. Los distintos recorridos están totalmente mal estructurados: faltan buses, poblaciones, y villas completas quedan sin medio de transporte. Los que logran llegar al Metro, tienen que someterse a soportar diariamente los serios inconvenientes de viajar en un tren, que antes era cómodo, y que ahora pasaba a ser realmente infernal. Vinieron los 28 medidas dispuestas por la Presidencia de la República, las protestas de los pobladores y de los estudiantes y la autoridad del país se da cuenta, sólo entonces, después del reclamo generalizado de toda una ciudad, que realmente se había fracasado. Ello no se quiso reconocer expresamente, pero el cambio de gabinete fue el reconocimiento explícito de aquel fracaso.

Las nuevas autoridades del transporte, seguramente después de restudiar y reanalizar varias veces el problema llegaron al mismo diagnóstico que ya, mucho antes, tenía toda la población de Santiago: faltaban buses y el Metro no funcionaba. Las autoridades no vieron lo obvio, a tiempo.

En una situación tan complicada y perjudicial como la descrita, todos esperábamos que las autoridades hubieran hecho efectivas las responsabilidades administrativas y civiles de las personas que participaron en la planificación del Plan Transantiago, de acuerdo con el principio fundamental de todo estado de derecho que indica que los servidores públicos, al igual que los restantes habitantes del país, deben responder de sus actos. En el caso en examen hemos escuchado la explicación de que no conviene preocuparse del pasado o de las causas del fracaso; sino que únicamente debemos limitarnos a ver la forma como mejoramos la situación. Ello como tratamiento psicológico esta bien. Para qué agrandar las heridas. Sin embargo, desde el punto de vista de la responsabilidad pública, ello no es correcto. Si se ha causado un daño, se debe responder y la autoridad debe hacer efectivas esas responsabilidades. Si no lo hace, deja de cumplir con las leyes e incurre en un notable abandono de deberes.

Junto con lo anterior el Plan Transantiago prueba incuestionablemente que nos encontramos ante una situación de crisis en el funcionamiento de la democracia representativa, por cuanto un cambio de la envergadura del que se está haciendo en Santiago, en lo que se refiere al transporte público, debió previamente haber sido consultado a la ciudadanía. Para eso está la democracia. Los representantes populares, son solo eso, representantes; y cuando a través de una modificación sustancial en los sistemas de transporte público se pretende hacer un cambio cultural, lo que procede es consultar previamente a quienes van a sufrir o experimentar el cambio cultural. Las autoridades políticas del país procedieron con un criterio distinto, seguramente pensaron que la población de Santiago merecía ser sometida a un nuevo experimento en el transporte público, incluso contra su propia voluntad. Se aplicó una especie de despotismo ilustrado o más bien dicho muy poco ilustrado. La más elemental prudencia aconsejaba consultar en serio a los parlamentarios de la capital, municipalidades afectadas, concejales, juntas de vecinos, establecimientos educacionales, sindicatos, asociaciones gremiales, asociaciones de estudiantes, etc, etc. Eso es la democracia: los cambios se hacen con el pueblo y no a pesar del pueblo, como efectivamente se han hecho los cambios del sistema de transporte público en Santiago.

En las últimas horas hemos visto como algunos parlamentarios de regiones están preocupados de los recursos que se van a destinar a subsanar los vicios, defectos y errores del Plan Transantiago. Está bien que se preocupen de aquello. Pero junto con tal reclamo, debieron en su oportunidad como cuerpo preocuparse de lo que estaba sucediendo con seis millones de habitantes en la ciudad de Santiago y también debieron preocuparse de hacer uso de todos los instrumentos legales y constitucionales para hacer efectivas las responsabilidades de aquellos que habían incumplido con sus deberes en la planificación del Plan Transantiago. Hubo parlamentarios que sí se preocuparon y que desde el primer momento demostraron verdadero interés y manifestaron su opinión para que se corrigieran oportunamente los errores manifiestos que se estaban cometiendo. Desgraciadamente, aquellos pocos parlamentarios, no fueron oídos.

La licitación que dio origen a este desastre fue conducida por el gobierno de turno. Empresas serias extranjeras decidieron no participar, porque los números no daban.

Empresas colombianas y coreanas, más los micreros organizados, ahora en megaempresarios, dejando a muchos otros microempresarios en el camino, afrontaron los riesgos. Como los números no daban han hecho todo lo posible para hacer que sus negocios a lo menos puedan tenerse en pié. Al final su arriesgada apuesta les resultará. Al igual que con el sistema previsional, siempre paga el fisco,-siempre paga Moya-; este se hará cargo de todo, nadie quebrará y el Estado gastará en 5 y 10 jarrones del tipo Inverlink, sólo este año. El transporte así diseñado tendrá que ser subsidiado para siempre. En Chile todavía parecer ser mejor entrar a los negocios de cualquier manera, porque cuando el mercado falla el Estado generoso se pone. Hace años con la banca, hoy con la previsión y el transporte en Santiago. Veremos otros seguramente.

Los partidos políticos orgánicamente tampoco han demostrado hacerse eco de la magnitud de los problemas que se vienen analizando; sus reacciones han sido tardías y hay una desconexión entre la población, la ciudadanía, la sociedad civil y los partidos políticos; estos últimos tienen graves dificultades para sintonizar con los problemas de la gente. Se consumen en sus disputas internas y en sus permanentes preocupaciones por los problemas de palacio. En una democracia los partidos políticos deben intermediar o ser los representantes más calificados de la ciudadanía. Esa representación se ha ido perdiendo manifiestamente en problemas importantes.

Seguramente, después de algunos meses, no sabemos cuantos, -tal vez éstos lleguen a sumar un año-, el problema de transporte público de Santiago se solucionará. Pero los habitantes de la capital del país nos quedaremos con el convencimiento que en ese problema grave que tanto malestar y sufrimiento ha causado, la democracia representativa y la obligación de responder por los actos que se cometen en la función pública no funcionaron y no tuvieron aplicación. Quienes causaron daño, no han respondido por los perjuicios, no fueron sumariados administrativamente, no se persiguieron sus responsabilidades civiles; y todas las soluciones se habrán llevado a la práctica no sobre la base de lo que debiera ser una efectiva democracia representativa. Esta ciertamente, tal como se aplica en nuestro país, está en crisis. Crisis que afecta al sistema de representación popular y a los partidos políticos. Tal vez llegó el momento de pensar en una nueva institucionalidad republicana que consagre una democracia participativa y de plena responsabilidad, que sustituya la irresponsabilidad por la verdadera responsabilidad política y pública,



Hernán Bosselin Correa
Abogado


Ramón Briones Es
pinosa
Abogado

4/06/2007

Responsabilidad Penal Juvenil

Señor Director:

A propósito de la puesta en marcha de la ley de responsabilidad penal juvenil y su posible postergación por diversos factores - que no es del caso analizar en esta oportunidad- y teniendo en consideración la gradualidad que debe existir en la implementación de cambios de esta magnitud ( teniendo como ejemplos la reforma procesal penal, por un lado y, por otro, el Transantiago), me gustaría saber las razones que se tuvieron para desechar como factor de gradualidad la rebaja de edad en dos o más etapas, por ejemplo el primer año de vigencia se rebaja a 16 años y el tercer año de vigencia a 14 años. Me imagino que se habrá discutido esta posibilidad pero las razones para desecharla no sé si son más poderosas que nuevas postergaciones. Nunca es tarde para evaluar esta u otras alternativas si el riesgo del fracaso es alto. Espero que esta situación se evalúe con sentido de país, sacrificando legítimas posiciones políticas entre gobierno y oposición. En ese sentido, se extraña la voluntad por construir consensos sociales y políticos que existía a inicios de la década de los 90. Este y otros temas demandan la recuperación de ese espíritu.

Atentamente

Juan Carlos Palma Torres
abogado
Carta enviada al diario El Mercurio.

Fondo Nacional de Pensiones

En el Congreso se discute la propuesta planteada por el Gobierno para reformar el sistema previsional, pero de esto nada se dice y la ciudadanía está quedando al margen. La Presidenta Michelle Bachelet y los candidatos que compitieron con ella en 2005 dijeron que “el sistema previsional estaba en crisis”. Claro, necesitaban el voto de los trabajadores. Hablaron sobre enviar al Congreso un proyecto estrella, un gran proyecto. Pero si vemos con detención la propuesta que se encuentra en el Legislativo, vemos que no pasa de ser un plan más del Gobierno: sólo pretender efectuar un maquillaje al sistema, como ha ocurrido desde hace más de veinticinco años, cuando fue impuesto por la dictadura militar.

El Congreso debe escuchar a la ciudadanía. Queremos una reforma de fondo, no un sistema impuesto. La libertad de elegir el sistema previsional, igual como lo hacemos en la salud, respetando la libre elección de los trabajadores. En el futuro, podríamos elegir entre las AFP o el Fondo Nacional de Pensiones (Fonape) financiado y administrado en forma tripartita. El Fonape es financiable: recibiría además de las cotizaciones y el aporte del Estado, la rentabilidad y las utilidades que se llevan los privados, y también el aporte empresarial, provisto de grandes utilidades.

El Fonape eliminaría la declaración y no pago de cotizaciones, la cotización fija, la discriminación de la mujer, el daño provisional, y muchas otras falencias. Hagamos una reforma profunda a un sistema en crisis y no maquillajes ni subsidios para salvar a las AFP que se quedan con la mejor parte y los pensionados en la miseria. Velemos ahora por una vejez digna.

Ignacio Arriagada Fernández
Secretario general de la Central
Autónoma de Trabajadores
La Nación, Miércoles 4 de Abril de 2007.

4/04/2007

Plan Cortazar para Transantiago.

Buenas noches:

La Presidenta de la República me encomendó hace una semana elaborar un plan de acción para mejorar el plan de transporte público de la Región Metropolitana. La realidad es crítica, faltan buses, los que existen no están circulando con la frecuencia requerida, lo que produce largos tiempos de espera. Hay problemas en el diseño de algunos recorridos e incluso hay áreas que no están adecuadamente cubiertas. Tenemos una congestión excesiva en el Metro, con atochamientos y con estaciones que se cierran. A esto hay que agregar que los usuarios hasta el día de hoy no se les ha dado la información que requieren para usar el Transantiago de la mejor forma posible. Esto se ha traducido en viajes largos y críticos, que afectan la calidad de vida de las personas y en muchos casos las someten a condiciones que no son dignas.

Hay cinco nudos que son claves que debemos desatar para poder contar con un sistema de transportes digno y eficaz.

La urgencia del problema nos ha llevado a tomar ciertas medidas que anunciaré a continuación:

Primero. El Transantiago se puso en marcha con un número insuficiente de buses. Menos de 5.000. Hoy ya existen alrededor de 5.400. Sin embargo, para prestar un servicio adecuado, necesitamos de al menos 6.400. Es decir, 1.000 buses más de los que tenemos actualmente.

Como la llegada de los buses requiere de algunas semanas, tomamos algunas medidas. En el día de hoy, hemos aprobado la contratación de 500 buses interurbanos. Los primeros 300 estarán en la calle a partir de la próxima semana. Y antes de fines de este mes, ya tendremos una flota de más de 6 mil buses. Un número muy superior a los 5.400 que tenemos hoy día"

Segundo. Necesitamos que los buses circulen con la frecuencia requerida. Para ello necesitamos que los operadores saquen sus micros a la calle, hasta cumplir con los compromisos que asumieron en los contratos. También necesitamos sistemas de información sobre la localización de los buses, que permitan una adecuada gestión de la flota.

En uso de las atribuciones que le otorga la ley, el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones formará en el curso de esta semana un equipo de apoyo y control de gestión que estará en contacto directo y continúo con los operadores, siguiendo de cerca su trabajo diario, para apoyar a quienes presentan dificultades en la gestión de su flota. Y para fiscalizar que se cumplan los compromisos asumidos en los contratos.

Por otra parte, hemos podido constatar que los contratos de los proveedores del Transantiago tienen problemas que dificultan el buen servicio. Conversaré a partir de esta semana con todas las empresas involucradas para enfrentar los importantes problemas que tenemos en la actualidad.

Tercero. Se requiere corregir algunos recorridos, de modo que la ciudad quede adecuadamente atendida. Los municipios y las uniones comunales de juntas de vecinos en conjunto con este ministerio han establecido canales de comunicación y han recogido ya muchas inquietudes de la ciudadanía. Continuaremos con este proceso por los próximos 10 días. Y antes de fines de este mes, el gobierno tomará las resoluciones definitivas que correspondan, e informará a la opinión pública de los cambios.

Cuarto. Corregir la excesiva congestión del Metro. A medida que mejore el transporte público de superficie disminuirá la presión sobre el Metro. Por otra parte, utilizaremos los buses interurbanos, que entrarán en operación a partir de la próxima semana para crear servicios especiales expresos, sin paradas intermedias, que irán por vías de alta velocidad y que tendrán como propósito principal contribuir a la descongestión del Metro.

Quinto. Entregar la información que se requiere para utilizar en forma más eficaz el Transantiago. Estamos en deuda. En las próximas semanas haremos un esfuerzo inédito de entrega de información en las calles, en los centros comerciales y otros lugares de fácil acceso para las personas. No cejaremos en este esfuerzo. Para asegurar un sistema de Transporte más digno se instalarán en los próximos meses 2.700 paraderos adicionales a los 2.500 ya comprometidos que puedan servir de refugio en los días de lluvia.

Quiero ser claro, estas tareas que he descrito no implicarán un aumento de tarifa para los usuarios. Son parte del costo de puesta en marcha del Transantiago y será asumido con recursos fiscales. Estas propuestas serán complementadas con otras que ya están en aplicación, como aumento en el número de trenes del Metro, habilitación y fiscalización de las vías exclusivas, instalación de las zonas pagas, refuerzo del trabajo de los monitores y la elaboración de un proyecto de ley para instituir la autoridad metropolitana de Transportes entre otros.

Tengo la confianza que estas medidas permitirán desatar los cinco nudos que han impedido que tengamos un sistema de transporte como el que las personas hemos buscado y deseado por muchos años. La tarea no es fácil, pero los chilenos sabemos que cuando juntamos nuestros esfuerzos, nuestra voluntad y nuestra imaginación, somos capaces de construir soluciones mejores para todos.

Muchas gracias.

René Cortázar

Ministro de Transportes y Telecomunicaciones