10/12/2006

DC y sus relaciones internacionales

Los partidos políticos con pretensiones de trascendencia tienen un elemento de tradicional importancia en sus relaciones internacionales y en su capacidad de aparecer como parte de un movimiento que desborda las fronteras locales.
Ello explica el legítimo esfuerzo de la Democracia Cristiana chilena para ser parte y, cada cierto tiempo, conducir el agrupamiento de partidos y movimientos que dicen reconocerse bajo la óptica humanista cristiana en Latinoamérica y el mundo.
Desafortunadamente, en especial en el caso de nuestro continente, la mayor parte de quienes integran esta tendencia son organizaciones marcadamente conservadoras para las que constituirse en acérrimos adversarios de los movimientos socialdemócratas o de izquierda es parte esencial de su identidad y vocación. Casi no existen experiencias como la chilena, con una DC de raíces claramente progresistas y formando parte hace varios lustros de una coalición de centro izquierda. Eso mismo es lo que la hace un fenómeno de difícil comprensión y de fácil crítica por parte de otros integrantes de ese movimiento con pretensiones de influencia internacional.
La evidente necesidad de mantener una identidad propia y sostener conceptos progresistas dentro de ese difícil contexto, hace más incomprensibles e insólitas recientes actuaciones de algunas figuras de la DC en el plano de las relaciones internacionales.
Ha sido preocupante, en ese sentido y también porque afecta criterios naturales en una coalición construida en torno al apoyo a cada Presidente de Chile que nos ha representado, la actitud de algunos de nuestros dirigentes en relación al voto de Chile en la elección del nuevo miembro representante de Latinoamérica en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Alentadas por recientes y desafortunadas actuaciones del propio presidente Chávez y de su ex embajador en Santiago, favorecidas también por algunas destempladas defensas desde el ámbito socialista, las declaraciones han ido subiendo de tono hasta generar un cuadro político preocupante, que culmina , no obstante haberse resuelto el tema de un modo bastante más razonable por la propia DC, con el anuncio de Gútenberg Martínez sobre “un antes y un después” del país, la Concertación y el partido si la decisión de la Presidenta Bachelet es distinta a la que él espera, afirmación que, irónicamente y como las de los demás que han intervenido en uno u otro sentido en esta materia, va precedida del expreso reconocimiento de que tal decisión es una atribución privativa de la mandataria.
No parece sensato plantear que ese tipo de definiciones, que como todas las de esa naturaleza pocos efectos prácticos tendrán sobre nuestra realidad, se constituyan en dilemas que amenacen poner en cuestión definiciones y alianzas políticas que se generaron desde lo más profundo de las esperanzas de los chilenos de recuperar la democracia y que expresan las enormes expectativas de nuestro pueblo de avanzar por un camino de mayorías hacia el desarrollo y la justicia social. Más bien se espera que si alguna vez ello ocurre sea por discrepancias serias y relativas a los modos de llevar adelante tales expectativas.
No parece responsable tampoco, incurriendo paradójicamente en aquello que por décadas se criticó a los partidos comunistas, llevar las cosas hacia mayores niveles de tensión política local en nombre de unas consideraciones partidarias en el plano internacional que, por respetables que les parezcan a algunos, no pueden condicionar de ese modo las definiciones políticas nacionales de la DC.
Lo que corresponde es tomarnos en serio el hecho de que la decisión final corresponde, como parte del manejo de las relaciones internacionales del país, a la Presidenta de la República y asumir que cualquiera de las alternativas existentes es legítima y tiene fundamentos y que ella decidirá lo que parezca mejor para Chile, recibiendo nuestro apoyo cualquiera sea su determinación. Por lo demás y sin ir más lejos, por eso y para eso la elegimos.
Yerko Ljubetic es abogado y ex ministro del Trabajo
Fuente: El Mostrador

1 comentario:

Fernando Tobar V. dijo...

votar por Venezuela, es lo más recomendable desde el punto de vista integracionista