4/22/2007

SERGIO MICCO Y LOS PROBLEMAS DE FONDO CON HACIENDA

“Pido menos marginación a los libremercadistas”

Desde al alma socialcristiana del oficialismo, el primer vicepresidente de la DC analiza la derrota de Andrés Velasco en la perspectiva de una crisis política para la cual complotan liberales y populistas. Advierte que Soledad Alvear paga un costo interno por respaldar a la Presidenta y asegura que para cierta derecha la mayor garantía la da José Miguel Insulza.

Afuera de la plaza del Mulato Gil, mirando una feria de antigüedades, espero a Sergio Micco, que viene caminando desde calle Merced. Antes de sentarnos en un café me toma del hombro y me lleva a observar una de las paredes del Instituto Chileno Francés. “República: sindicato de empleados públicos, ¿o no se habían dando cuenta?”, reza un rayado. “Si la República deja de ser una causa por la cual morir y pasa a ser un trabajo del cual vivir, como decía un filósofo francés, entonces estamos al final del camino de privatización de la sociedad chilena”, me comenta este abogado, candidato a doctor en Filosofía que ahora imparte un curso en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile: “República y comunidad en crisis”. Profesor de vocación, el ex líder de la JDC que no se perdía protesta en los años de Pinochet, ahora está en la mesa directiva que encabeza Alvear y es el encargado político de la Comisión Económico Social de la DC, que preside Ricardo Ffrench-Davis.

La crisis de representación y legitimidad de la política lo angustia, pero no ve en ella una catástrofe: “Creo que la rebelión pingüina del año pasado es la base de la nueva generación de jóvenes que Chile necesita”.

–¿Ves ahí una posibilidad de revertir la privatización de nuestras vidas?

–La generación de los ’60 de rito revolucionario muere el ’73. Mi generación, la de los ’70 y ’80, estuvo imbuida en la lucha por los derechos humanos y la libertad. La del ’89 al 2006, que vivió la redemocratización de América Latina pero también su liberalización económica, es una generación del silencio, privatizada. Es nihilista de la política, y unos pocos confundieron la política con hacer carrera política, porque en democracia los partidos pueden asignar estatus, poder y dinero. La generación pingüina del 2006, junto con creer que la felicidad pasa por la pareja y el trabajo, también cree que pasa por vivir en una sociedad justa. Un millón de cabros se preguntó el año pasado qué es vivir en una sociedad justa, por qué el lucro en la educación chilena. Se hicieron preguntas que los van a hacer jugar roles de liderazgo.

–Tú eres parte de la G-80, una generación derrotada por la generación MAPU.

–No me siento parte de una derrota, porque recuperamos la democracia y le hemos dado crecimiento económico, paz social y estabilidad a Chile. Ahora, nuestro proyecto político era democracia con justicia social, y la sensación con la que vivimos es que la Concertación se apitutó y no repartió el poder, porque esta sociedad todavía tiene demasiadas desigualdades y privilegios.

–¿Por qué pasó eso?

–Mira, sólo uno de cada diez chilenos dice que los políticos resuelven los problemas de la gente, y eso pasa porque se ha producido una fatal alianza entre el liberalismo económico y el populismo político. El liberalismo viene junto con la democratización en América Latina en consistencia con el Consenso de Washington, que promueve economías donde es el empresariado y no el Estado el principal motor de la economía. Ese modelo produjo desastrosos efectos, como tasa cero de crecimiento en los ’80; y ojo, que bajo el denostado modelo cepaliano América Latina creció cuatro o cinco puntos. Hoy, tras 25 años de liberalismo, América Latina es el continente más desigual del mundo, donde el 40% vive con menos de mil pesos al día. No es raro entonces que la culpa de eso la tengan los políticos que eligieron.

–Pero hoy el liberalismo económico enfrenta a gobiernos adversos, como los de Chávez, Correa y Evo.

–Fue tal el fracaso social del liberalismo, que produjo esta revuelta populista que vemos ahora, porque el populismo es “a alguien hay que echarle la culpa de esto, y esos son los que están arriba”. Y los que están arriba hoy son los señores políticos que los vemos en las páginas sociales de “El Mercurio”. El quid de la crisis de la política es que la gente quiere que solucionemos cosas y nosotros les decimos, como en 2001, “no, sabe que esto es una crisis en Tailandia y por eso estamos así, hay un problema en los mercados mundiales y por mientras esperemos. Le puedo crear un empleo de emergencia, pero el que da empleo es el empresario. Sabe qué, la tasa de interés está matando las pymes”, nos dicen, y contestamos: “Es que las tasas las fija el Central, no nosotros”. Y ahora les decimos: “Fíjese que queremos una ley de depreciación acelerada para que los grandes empresarios inviertan más en Chile y así volver a crecer”. ¡Y entonces para qué estamos nosotros! El liberalismo, que desconfía de la capacidad del Gobierno de intervenir en la política y en la economía, termina siendo aliado del populismo, que le echa la culpa a los que están arriba.

–Guardar los excedentes del cobre crea la sensación de que a los de abajo no les toca ni con vacas flacas ni con las gordas.

–Qué nos dijeron los secundarios: “Con el cobre por el cielo y la educación por el suelo”. En la iglesia de San Francisco veo un rayado que dice: “¿Cuánto tiempo más se demora tu patrón en tomar la micro. No al Transantiago?”. Todo Chile ve lo que ha ocurrido siempre, que los santiaguinos están metidos casi dos horas en una micro para llegar a trabajar diez horas, por 140 lucas mensuales. Somos el octavo país que más horas trabaja en el mundo. Es cierto que los pobres son menos pobres, pero las oportunidades siguen muy injustamente distribuidas, y ese es el debate de la Concertación: ¿vamos a insistir con una política económica que nos amarra las manos, que le dice a los chilenos que si metemos la plata del cobre se nos puede caer la tasa de cambio y que tampoco podemos condonar las deudas a las Pymes?

–¿No se está trabajando para disminuir la desigualdad?

–Ricardo Lagos dijo “crecimiento con equidad”. Tuvimos poco crecimiento y la desigualdad se mantuvo igual. Bachelet ha hecho cosas: aumentó en un 10% las pensiones a un millón de personas, otorgó crédito fiscal a los jóvenes más pobres del país, creó 200 salas cuna, etc. Pero llevamos 17 años aspirando a la igualdad de oportunidades y nos encontramos con una política económica conservadora que desconfía de los recursos que tienen los Estados para generar más crecimiento a través de las políticas públicas.

Los costos para Alvear

–Hay varios factores más que explican el rechazo a la ley de depreciación, como un choque cultural entre la política tradicional y los cuadros técnicos del Gobierno.

–Lo que falta es diálogo. Les pediría a los liberales de la Concertación que fueran más liberales; ellos creen en la libre circulación de las ideas porque saben que no poseen la verdad. Estos libremercadistas, que dicen que hay darle a los grandes para que ellos generen más trabajo, tienen que estar más abiertos a la crítica. No puede ser que cuando Ffrench-Davis dice que hay que aumentar en 600 millones de dólares el presupuesto para activar la economía, uno reciba llamados telefónicos diciendo que nos pusimos populistas o estatistas. Hay un dogmatismo muy grande; les pido menos marginación, menos censura. Lo otro es que nuestros técnicos han sido formados en Estados Unidos, faltan más escuelas de políticas públicas europeas.

–Eso es consistente con la política exterior, que en lo grueso reconoce la hegemonía norteamericana.

–Por supuesto, y se nos olvida América Latina. Pero en Estados Unidos la Reserva Federal no sólo vela por tasas de inflación bajas, también tiene que velar por el crecimiento y el desempleo. Y cuando Ominami plantea esto se arma un escándalo porque atenta “contra las bases del modelo”. Además, en EEUU el poder del Estado en la economía es 36 puntos, y en Chile es apenas 19,9. Y con Ricardo Lagos bajó.

–La Presidenta respaldó al ministro de Hacienda.

–Y Soledad Alvear, Camilo Escalona y Sergio Bitar han apoyado el proyecto porque la Concertación tiene que mantenerse unida. Pero ojo, los costos políticos que están pagando los dirigentes de la Concertación ante sus bases obviamente son altos. Soledad Alvear, cuando apoya a Hacienda, paga costos en el partido.

–¿Es popular la postura de Adolfo Zaldívar dentro del partido?

–Todo lo que sea hablar en contra de la política económica, contra la concentración económica, por la redistribución del ingreso, es altamente popular en la DC, porque este es un partido de clase media. Nosotros como mesa decidimos apoyar a la Presidenta Bachelet, pero eso no es gratis. Mira los niveles de desgaste de los dirigentes en la opinión pública.

Insulza y la derecha

–La derrota de Hacienda se da en un contexto de normalidad institucional, porque la bolsa ha seguido subiendo.

–Hay un cambio cultural en Chile y se acabaron los miedos al pasado dictatorial. Pero la semana pasada pasaron cosas regraves: involucraron a la Presidenta en una reunión en La Moneda con los grandes empresarios, y lo que dice la prensa es que eso era para ver cómo el Gobierno se ponía de acuerdo con ellos para hacer lobby sobre los parlamentarios, sobre todo los de derecha.

–¿Fue un error de Velasco enfocarse a ese lobby triangular sobre la derecha y no negociar primero en la Concertación?

–Él trató de aplicar un esquema que se ha aplicado otras veces: “Vamos sacar este proyecto con ustedes o sin ustedes, porque tenemos a los fácticos empresariales, y a la UDI y RN”. Quizás, Velasco puede volver a intentar esa política, pero sería pagar muy mal la solidaridad de los presidentes de partido con una política extraordinariamente impopular para las bases de la coalición.

–Emerge un nuevo cuadro político, porque la derecha hace su propio destete del gran empresariado al rechazar el lobby.

–Pero ojo, la política es muy dinámica. No sé qué conclusión van a sacar los grandes empresarios, porque yo escucho que hay una derecha política que quiere llegar al poder, y para eso obviamente tiene que acercarse a las clases media y sectores populares. Pero también hay otra derecha que dice: “Oye, para qué vamos a ganar si lo que necesitamos es un José Miguel Insulza que pone orden y hacemos la política económica que se hizo bajo Ricardo Lagos”. Ese es un proceso en debate en la derecha.

–¿Crees que el mundo de la derecha mira con simpatía a Insulza?

–No tengo ninguna duda. Con todo el respeto que él me merece, por sus obras los conoceréis. Ricardo Lagos, Eyzaguirre e Insulza dieron garantías a la derecha económica que ellos jamás pensaron que les iban a dar. Ese Gobierno terminó con disminución del porcentaje del Estado en la economía, un crecimiento relativo y se mantuvo la desigualdad. ¿Qué hubiera pasado si es un Gobierno de derecha el que hace el Transantiago? ¿Qué hubiera pasado con los sindicatos, con los gremios, con los partidos que hubiésemos estado en la oposición? Esa es una pregunta que se hacen sectores de esa derecha. En los tiempos de los radicales, la izquierda se quejaba: “Maldita la derecha que pierde todas las elecciones pero gana todos los gobiernos”. Esto ya pasó en la historia de Chile.

Fuente:
Mirko Macari
La Nación Domingo


1 comentario:

Jorge Andrés Gómez A. dijo...

La capacidad de discreción (libertad para renegar o comportarse de manera oportunista) se ha hecho muy frecuente en el ejercicio legislativo chileno y en la actividad política al interior de la Concertación, y eso ha imposibilitado el establecimiento de compromisos creíbles entre los parlamentarios oficialistas y el ejecutivo en algunas ocasiones.
Esto, porque la mayoría tienden a ser motivacionales, debido al carácter multipartidario e ideológico de la Concertación.
Muchas veces esto, genera la divergencia entre incentivos previos y posteriores a la negociación, y termina por incidir en el no cumplimiento de los acuerdos.
Quizás la falla tiene relación con el compromiso individual de los parlamentarios oficialistas con respecto a la Concertación.